Nuestros políticos

Ayer leía un artículo que publicaba Concha Caballero en El Pais, que titulaba “¿Son tan malos los políticos?” , y en el que hablaba de los hoax que circulan por la red acerca de los políticos y sindicatos, y del peligro que conlleva para la Democracia que calen en la opinión pública esos mensajes extremistas. Razón no le falta.

Pero el caso es que la política española tiene mas sombras que luces, el ocultismo ha sido su bandera durante décadas, creando el caldo de cultivo perfecto para que se desarrollaran estos nuevos virus de opinión. Asi, en España es imposible, ya que ningún organismo centraliza y fiscaliza, saber cuál es el número exacto de coches oficiales que estamos pagando. El hermetismo es similar en cuanto a cargos de libre designación, asistentes y asesores, y solamente cuando algún periodista investiga a una persona en concreto nos afloran algunos datos.

Otro tanto sucede con la utilización del dinero público para usos no muy claros, y tampoco somos capaces de saber el número de teléfonos móviles que pagamos entre todos, a pesar de haber sido destapados ciertos “escándalos” en la pasada década. Fiestas pagadas con Visa pública, como el reciente caso del Sr. Divar, o el ya antiguo caso del prostíbulo Rasputin, están escribiendo “línchame” en grandes letras de neón.

El propio hermetismo de la Casta política tampoco ayuda demasiado, y cuando llega sangre nueva a sus filas son perfectamente conscientes que,  para prosperar, deben acatar la disciplina del partido. El partido, un ente democrático que esconde en su interior una férrea estructura jerarquizada casi de forma castrense. Curiosa contradicción que tampoco ayuda a mejorar su imagen pública.

Quedan muchos motivos, enchufismo, despotismo en los diferentes gobiernos, bipartidismo, ley electoral anacrónica, apellidos que recuerdan pasados consejos de misnistros en El Pardo, senadores nombrados a dedo que luego en el Congreso dicen a los parados “que se jodan!”…… sería larguísimo enumerarlos casi todos.

Una Democracia sana necesita de sus políticos. Cuando una Democracia está tan enferma como la nuestra, tal vez sea el reflejo de las enfermedades de nuestra Casta política. Seguramente no haya necesidad, e incluso sería contraproducente, eliminar puestos políticos, pero  es posible que sea necesario, e incluso urgente, cambiar”estos politicos” que ahora tenemos por otros que sean, de verdad, Demócratas.

Enlace al artículo de Concha Caballero:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/20/andalucia/1342799870_951241.html